Análisis semiótico de relatos, películas, pinturas, esculturas, vídeos, etc., enfocado a la relación de los significantes con sus denotata y en concreto a los signos extremos: super iconos, ultra signos, lo abstracto y el todo.
Inversa camera obscura: "El proyector de sólidos (o el sueño de una roca)", João Maria Gusmão y Pedro Paiva (2008).
La pieza que los portugueses Gusmão y Paiva presentan estos días en el depósito de aguas del Centro Cultural Montehermoso (hasta el 4 de enero de 2009), suscita, me parece, algunas cuestiones semióticas de interés.
La cámara oscura clásica operaba como un receptáculo, una especie de trampa óptica que permitía la entrada de una cierta imago mundi a un interior. Esto suponía de hecho la adición al mecanismo de la percepción de un interesante intermedio entre el ojo y el resto de la realidad: una imagen icónica pero a la vez dinámica, indicialmente conectada a su referente, uno de los primeros iconos, por decirlo de algún modo, de circuito cerrado (tras la sombra y la imagen especular).
La cámara oscura construida por esta pareja de artistas opera de modo exactamente inverso. Está hecha para proyectar el interior de la cámara al mundo. Está hecha para producir el icono, no de lo de afuera dentro, sino de lo de adentro fuera.
En la cámara oscura clásica, la luz transportadora de la imagen procedía del exterior. En la cámara de Gusmão y Paiva, la luz que ilumina el contenido de la caja también está inicialmente contenida por ella, ya que debe transportar la imagen de ciertos objetos cuyo encierro comparte, a una pared próxima sumida en la oscuridad, sobre la que se proyecta y a la que, por tanto, ilumina.
En el proyector de sólidos de Gusmão y Paiva lo que por un lado se encierra o enclaustra, por el otro se libera. El agente liberador es la luz. En la cámara oscura clásica, la de Aristóteles o Leonardo, era más bien la luz aquello que se pretendía capturar.
En la cámara oscura clásica, el tránsito de la luz hacia el interior de la caja por un pequeño orificio, producía una imagen invertida del mundo. Gusmão y Paiva invierten el contenido de la caja, ponen la escena patas arriba en su interior, para que el icono resultante se pueda leer del derecho y bien. La estabilidad y el equilibrio de esta imagen, que se debe a su coherencia casi total con la ley de la gravedad, se consigue, por tanto, mediante el trabajoso artificio de construir la escena interior, literalmente, contra esa misma ley.
A uno se le ocurre una pregunta: ¿es el proyector una cámara oscura invertida, o, más bien, es la cámara oscura un proyector invertido? La genialidad de los Lumiére fue pensar como proyector la cámara de cine, que otros inventaron antes. De algún modo, Gusmão y Paiva recrean con esta pieza ese momento epifánico de la historia de la representación.
Y hablando de proyectores y cámaras oscuras, aún cabe otra posibilidad: la de imaginar que el proyector de sólidos de Gusmão y Paiva reciba en calidad de cámara oscura el reflejo de la imagen que proyecta. Porque algo de luz debe entrar a la caja desde el exterior iluminado por la caja. Todo orificio de salida es un orificio de entrada para esa invasora eficaz que es la luz.
Es dado pensar, por tanto, que algunos de los fotones que se proyectan sobre la pared regresarán de rebote al interior de la caja, reencontrándose con los objetos de origen, punto a punto, y retroalimentando el circuito. De alguna manera las imágenes deben entrecruzarse, los ecos de la luz se encontrarán con la luz de origen en su viaje de vuelta, sumándose a ella.
Diré para terminar, que hay algo activamente inclusivo en todo este artefacto que nos proponen Gusmão y Paiva. Porque nos encontramos ante una caja que provoca el deseo de mirar adentro. Y más aún cuando algunos de los elementos de la imagen proyectada, por ejemplo la notable moneda levitante, suscitan una curiosidad que sólo se puede satisfacer asomándose al interior luminoso de la caja, regresando hacia el origen de la imagen proyectada, por decirlo así.
El que acuda al depósito, podrá contemplar no sólo la obra de Gusmão y Paiva, sino el espectáculo mismo de los visitantes de la exposición, desfilando para mirar furtivamente dentro de aquella misteriosa caja negra, oponiendo ojos, esas otras diminutas cámaras oscuras, a la luz. Pues mirar en este caso parece más que nunca interceptar la luz, interrumpir algún circuito.
Una última cuestión: ¿qué sería, simbólicamente hablando, este mirar dentro del proyector? ¿más como mirar dentro de un ojo o más como mirar detrás de él?
Rubén Díaz de Corcuera.
Super iconos.
Noviembre 9, 2008
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Esta serie de artículos deriva de un trabajo de investigación financiado con una beca KREA 2008.
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