En lugar de otra cosa.
Semiótica de los signos extremos.
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El Todo como problema.

Cualquier cosa y de cualquier tamaño puede ser significante, basta con que se oponga a ello una conciencia interpretante. El todo representa a este respecto otra clase de signo extremo, otra clase de límite entre significante y objeto, porque ¿qué podría ser lo otro, cuál sería el denotatum en representación de o contiguo a lo cual, está el todo como signo? ¿Eso que permitiría determinar si el ser es un icono o es abstracto?

Metafísica como semiótica del todo en relación a su objeto imposible.
El problema del todo como signo deriva del principio semiótico de otredad o alteridad. El significante debe ser otra cosa que su referente, pero ¿cómo puede haber cosa exterior al ser, a todo?

La denotación del todo como signo parece implicar necesariamente un trascendentismo absurdo. A lo largo de la historia de la filosofía occidental podemos rastrear la idea de un objeto trascendente, en la nada de Parménides; en el motor inmóvil de Aristóteles; en el dios incognoscible Agnos Theos de los gnósticos; en el Uno de los neoplatónicos ("Para que el ser sea es necesario que el Uno no sea ser", Eneadas, V, 2.2), en la Causa Primera, fundamento sin fundamento, de San Agustín; en el Dios, ipsum esse , ser en mismidad, ser por sí mismo de la Escolástica; o en el ser indeterminado de Hegel, simultáneamente puro ser y pura nada, entre otros filósofos y sistemas.

Representaciones del ser en el arte.
La esfera era el símbolo de la totalidad para los filósofos antiguos. Un icono o diagrama de la homogeneidad óntica de todo. O el icono de otro icono de la totalidad, otra esfera inconcebible cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna según la célebre aporía de Alanus ab Insulis (1128/1203).

Ninguna otra figura como la esfera sirve a la representación del ser, como atestigua su omnipresencia iconográfica. Único diagrama posible de la identidad posicional de los puntos de una superficie. Diagrama y, por lo tanto, icono según es apreciado por el mismo Pierce. El icono de cierta clase de relaciones de equipertenencia, que puede ser por ello tomado como el símbolo de algo, como símbolo del Algo, para ser más exactos.

En el cuento de Borges titulado "El Aleph" aparece una original representación contemporánea de la totalidad. Una esfera de unos dos centímetros: “uno de los puntos del espacio que contienen todos los puntos […] el lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos” (1949).

En 1961, Piero Manzoni realiza la operación retórica más ambiciosa de la historia del arte, al invertir una peana, lo que hace pertenecer el planeta entero o quizá el mundo, o quizá la realidad, e incluso el todo, el ser, lo que incluye, por tanto, a la peana misma, a la esfera del arte.

El mundo como signo de la realidad.
Si, como señala gran parte de la filosofía occidental, desde Platón al menos, la misma percepción es representación, la pregunta pertinente es: ¿cuál es la relación de ese mundo significante que se interpone entre yo, que también formo parte del mundo en tanto que intérprete, y lo otro, en tanto que objeto? ¿qué es lo ausente que se hace presente en la percepción natural o tecno ampliada, en la ilimitada semiosis que constituye el mundo? ¿Qué tipo de signo, en definitiva, es eso que llamamos mundo con respecto a su objeto o denotatum : un icono, un símbolo, un índice?

Para el platonismo el mundo sería un icono imperfecto, burdo. El clásico juicio platónico de superioridad del arte egipcio (menos icónico) sobre el griego procede de este concepto del mundo como reminiscencia engañosa del que para Platón es el otro polo del ser, el logos, las ideas.

Descartes, por su parte, sólo percibe un signo: la conciencia o res cogitans . Todo el mundo cartesiano se reduce a eso, la sustancia pensante. Signo, en todo caso, de carácter icónico, pues sólo puede mostrar semejanza con otra sustancia: la Res Cogitans de referencia, Dios.

Para Kant, la cosa en sí, el noúmeno, resulta inalcanzable por el entendimiento humano. Los instrumentos que aporta la conciencia: espacio y tiempo, a través de los cuales accedemos a los fenómenos del ser que constituyen el mundo, nos hacen opaco lo que sea que esté más allá de ellos. Cabe deducir, por tanto, que en la concepción kantiana el mundo es un índice cuyo denotatum causante siempre permanecerá velado, oscuro.

 

 

Gato sobre gato.
El juego de las diferencias.
Conflictos entre copias.
Esfera doliente.
Una actriz en el papel de reina.
Son otros los que nos miran. desde el espejo.
Autoiconos, relicarios antropomorfos y otros objetos con valor sentimental.
Cadáver fresco.
Aurora boreal, fuego fatuo.
Signos de seres únicos, seres de signos únicos.
El proyector de sólidos.

Sopa de cuerpo, sero de muerte.
La interrogante metafísica.
El dios replicador.
Reencarnación en uno mismo.


Comunicación al X Congreso Internacional de Semiótica, SEMIO2009. Signos extremos en el arte contemporáneo.


Relacionando extremos opuestos: el arte abstracto y la réplica humana en el cine de ciencia ficción.


Variaciones Solaris (2009).
Auto Pigmalion (Sine die).


Trastorno bipolar (Blog personal en KREA).
El estado del arte en Vitoria (BLOG de crítica).
La Suite Kali 2002.

 

 

 

Signo.
Significante.
Intérprete.
Referente.
Denotación.
Objeto.
Mundo.
Realidad.
Icono.
Súper icono.
Ultra Signo.
Índice.
Alteridad.
Economía expresiva.
Abstracto.
El todo.
Absoluto.
Reconocimiento.
Signos extremos.


Signos extremos como objeto de investigación.

Los problemas de la denotación.

La iconicidad como progreso hacia el objeto.

Lo abstracto como problema.

El todo como problema.


Conclusiones

Súper iconos.
Ultra signos.
Lo abstracto.
El todo.

Bibliografía.

 

Rubén Díaz de Corcuera Díaz