Aurora boreal, fuego fatuo.
De entrada, podríamos decir que la aurora boreal no facilita ningún proceso de individuación. No es ni estática ni estable, sus límites son cambiantes y borrosos, no se repite nunca en términos exactos y no es sólida, pertenece más bien al cuarto estado de la materia, el plasma. Evoluciona constantemente en un espacio tiempo no objetivable, porque ¿cuándo se puede decir que ha empezado o que termina una aurora (segundo arriba o abajo) y qué espacio (hectómetro cúbico más o menos) viene a ocupar, si es que de alguna manera ocupa espacio... la luz?
Suponiendo que alguien pudiera dar una respuesta cualificada a tales cuestiones, surge otra pregunta: ¿cuál es el referente de la imagen fotográfica de arriba? ¿la Aurora boreal genérica, una aurora boreal concreta o la fracción de segundo que de ella registra la instantánea?
El Grupo Mi ha dicho que un objeto es la suma de sus propiedades permanentes (1999: 69). Pero lo permanente en las auroras boreales es precisamente la ausencia de tales anclajes (en comparación con otros objetos, por supuesto). La dificultad de aprehender los signos particulares, el carácter único, de una aurora boreal determinada acontecida durante cierta noche ártica. Ausencia que paradójicamente constituye lo permanente que autoriza su reconocimiento... genérico. Podríamos decir entonces que se reconoce como aurora boreal cierto fenómeno visual deficitario, como muchos otros, en este sentido.
Cualquier aurora se nos ofrece, por tanto, de un modo extrañamente platónico: es todas las auroras y ninguna de ellas, ni siquiera ella misma, en particular. El reconocimiento del fenómeno no puede trascender de este nivel superior de conjunto, no puede descender al nivel inferior de elemento o denotatum único. Porque con la notable excepción de Funes el memorioso, aquel fantástico personaje de Borges, capaz de recordar un día entero de su pasado en todos sus detalles, hazaña que le llevaba exactamente un día ¿quién podría y, sobre todo, qué interés práctico tendría realizar semejante proeza discriminativa, tamaño esfuerzo cognitivo?
La Aurora genérica, la Aurora como clase, el universal que me permite reconocer a las auroras individuales, es una abstracción, el universal que vale para todas las auroras que en el mundo han sido y serán. Pero una abstracción de una abstracción en sentido pictórico o artístico, el universal que aplica a un objeto intransitivo, escasamente familiar y situado en el límite mismo de la objetualidad.
Pues cada aurora y cada instante de aurora, proporciona una imagen natural y esencialmente plástica.
Rubén Díaz de Corcuera.
Lo abstracto.
Junio 09, 2009 |
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Gato sobre gato. El juego de las diferencias. Conflictos entre copias. Esfera doliente.
Una actriz en el papel de reina.
Son otros los que nos miran. desde el espejo.
Autoiconos, relicarios antropomorfos y otros objetos con valor sentimental.
Cadáver fresco.
Aurora boreal, fuego fatuo.
Signos de seres únicos, seres de signos únicos.
El proyector de sólidos.
Sopa de cuerpo, sero de muerte.
La interrogante metafísica.
El dios replicador.
Reencarnación en uno mismo.
Comunicación al X Congreso Internacional de Semiótica, SEMIO2009. Signos extremos en el arte contemporáneo.
Relacionando extremos opuestos: el arte abstracto y la réplica humana en el cine de ciencia ficción.
Variaciones Solaris (2009).
Auto Pigmalion (Sine die).
Trastorno bipolar (Blog personal en KREA). El estado del arte en Vitoria (BLOG de crítica). La Suite Kali 2002. |
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Signo.
Significante.
Intérprete.
Referente.
Denotación.
Objeto.
Mundo.
Realidad.
Icono.
Súper icono.
Ultra Signo.
Índice.
Alteridad.
Economía expresiva.
Abstracto.
El todo.
Absoluto.
Reconocimiento.
Signos extremos.
Signos extremos como objeto de investigación.
Los problemas de la denotación.
La iconicidad como progreso hacia el objeto.
Lo abstracto como problema.
El todo como problema.
Adscripción extremista del arte contemporáneo.
Conclusiones
Súper iconos.
Ultra signos.
Lo abstracto.
El todo.
Bibliografía. |
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