El estado del arte.
Semiología de la imagen artística. Signos extremos.
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La denotación como problema.

Lo que nos ocupa aquí son diversas cuestiones clásicas de la semiótica: ¿El objeto o denotatum tiene carácter posicional u óntico? ¿Una porción determinada de ser deviene o puede devenir objeto semiótico en virtud de su posición en el triángulo semiótico o su posición probable en este esquema deriva más bien de su modo de ser en el mundo? ¿Son comparables los objetos semióticos de los índices y de los iconos? ¿Son comparables significante y objeto indicial, como lo son significante y objeto icónico? ¿Hay una competencia recognitiva para el signo icónico y otra diferente para el signo indicial?

Pertinencia semiótica del objeto.
Según Saussure (Cours de linguistique générale , 1916) el signo lingüístico se constituye con significado y significante, es decir, concepto y representación sonora, las dos caras de un mismo folio. Y el objeto carece de pertinencia, al menos en lingüística.

Pierce distingue entre referente u objeto inmediato y la cosa en sí a la que denomina objeto dinámico. Para Pierce el objeto inmediato, lo conocido, es parte de la semiosis pero la cosa en sí, lo incognoscible u objeto dinámico, queda fuera.

Para Ch. Morris, los significados o designata son clases o conjuntos. Los denotata son los miembros de esos conjuntos (que pueden contener varios elementos, uno solo o ninguno).

Para Ogden y Richards (Meaning of meaning , 1946) los signos, por lo general, registran acontecimientos y comunican hechos, es decir operan denotando.

Umberto Eco, diferencia entre acto de significación y acto de referencia pero admite que “el buen sentido indica que al emitir signos, en general queremos indicar cosas” (1970: 25).

El grupo Mu considera los denotata como exteriores a la semiosis. Los referentes de los significantes en los signos son “recortes producidos hic et nunc en una sustancia imposible de analizar sin ese recorte” (1981: 115), es decir son siempre un designatum , y nunca un denotatum .

El objeto icónico es un destino de su significante.
El significante icónico viene precedido siempre de la función icónica y del objeto icónico. Para que se produzca el signo icónico debe haber un referente reconocible, un objeto cierto o, al menos, verosímil (del latín veritas y simil , verdad en el parecido). En el icono, se reconoce un objeto, y es de esta manera como el significante icónico puede denotarlo. Pero se reconoce ese objeto porque en todo caso el objeto es reconocible. Como escribe Umberto Eco, “no existe signo icónico de un objeto ignorado” (1970: 62).

En el icono se produce el tránsito del significante icónico a un objeto previamente privilegiado en tal sentido, segregado del continuum como objeto de rango icónico.

Puede que no sepamos cómo reconocemos en una figura de cera a una persona en concreto, pero desde luego utilizamos como mínimo la misma competencia y el mismo bagaje interpretante que para reconocer a esa persona en persona. La iconicidad del significante depende, por tanto, de la iconicidad del propio referente. El significante icónico es transitivo hacia su referente de rango icónico. El objeto, en este caso, es una instancia del significante, que se sitúa, por tanto, como su destino.

Con ello no se alude a un orden temporal. Pues el significante icónico puede ser anterior (icono proyecto), simultáneo (icono de circuito cerrado o de tiempo real: sombra, reflejo especular, cámara oscura, imagen en el visor de la cámara de vídeo, etc.), o posterior (fotografía), a su objeto icónico. Pero de lo que se trata es que el intérprete alcance ese objeto por su medio.

El objeto indicial es un origen de su significante.
Por el contrario el objeto o referente indicial puede perfectamente permanecer oculto e inalcanzable. Puede, incluso, carecer de manifestación de sí mismo. Sea anterior (huella), simultáneo (síntoma) o posterior (señal) a su significante, se sitúa, en todo caso, como instancia de origen. La contigüidad física o lógica de significante y objeto no puede hacer perder de vista este hecho. Esto es bastante evidente en las huellas y en los síntomas (ya que la simultaneidad en el síntoma no es nunca tan antigua como el mismo objeto). Pero incluso el significante señal podemos caracterizarlo como significante retroalimentado como tal por su objeto posterior en el tiempo. Las nubes anticipan la lluvia, son su índice señal, sólo si efectivamente llueve más tarde. Es la lluvia, por tanto, cuando el efecto posible se torna cierto, el origen de las nubes como su significante.

A priori, diríase que la iconicidad no es un propiedad del denotatum sino del significante icónico. Claro que si la competencia icónica consiste en la facultad de reconocer en el significante al denotatum , como se reconoce al denotatum en el denotatum mismo, se presupone que el denotatum tiene carácter de reconocible.

Tanto icono como denotatum icónico dependen, de un acto de reconocimiento. En el significante icónico se reconoce un denotatum, pero ese denotatum debe ser capaz de producir reconocimiento directamente, debe ser un denotatum de rango icónico. Entonces ¿qué clase de signo constituye en primera instancia al denotatum icónico, fuera de los iconos que lo denotan, fuera del propio reconocimiento de tipo icónico, si es que ello es posible? Expresado en otros términos, ¿puede ser este denotatum a su vez, significante de otro denotatum, pero de un modo no icónico?

El objeto como punto ideal de encuentro de destinos.
La prevalencia del objeto al significante icónico en el icono y la prevalencia del significante indicial a su objeto en el índice, sugiere la idea de un punto de encuentro. Y este punto de encuentro puede ser el objeto genuino. Cierto conjunto de significantes indiciales constituye por este medio el objeto de destino de cierto conjunto de significantes icónicos.

Podemos caracterizar entonces el objeto como ente ideal de encuentro de un cierto corpus de signos (a menudo inmenso e inconstante, pero también finito), en el primer caso sustituyentes (denotación en el destino) y en el segundo constitutivos (denotación en el origen), acotados los unos a instancias de los otros.

La cuestión del reconocimiento en índice e icono.
El reconocimiento del objeto en el icono y del objeto genuino de rango icónico, serían con matices, el mismo tipo de reconocimiento. Pero el reconocimiento en el índice es de otro tipo.

Objeto y significante icónico poseen ambos caracteres físicos, resultan por tanto comparables y lo que se compara son precisamente tales caracteres. Objeto y significante icónico son homogéneos.

Pero el objeto indicial permanece a menudo oculto, en tal caso no es aparente como su significante. Pero incluso cuando sí aparece, cuando se manifiesta a sí mismo de un modo directo, no es esta su manifestación de sí mismo aquello a partir de lo que se establece el enlace de significante a objeto.

Índice como célula semiótica y reducción del icono a índice.
Se desarrolla aquí la idea de Morris según la cual: “…en última instancia los símbolos implican iconos, y los iconos, a su vez, índices” (1938: 60).

Una primera pista al respecto nos la proporciona el hecho de que la denotación en el índice se sitúe en origen, mientras que en el icono lo haga como destino. Ocurre entonces que un conjunto inmenso y voluble pero finito de significantes indiciales constituye el objeto de un conjunto de conjuntos significantes de tipo icónico.

Por otro lado la percepción tiene apariencia de cadena indicial. El estímulo distal, los caracteres físicos objetivos presentes en el estímulo, está conectado dinámicamente al estímulo proximal (aquello que entra dentro del umbral de percepción y competencia de cada sentido), luego el segundo es índice del primero. Y el estímulo proximal está dinámicamente conectado al percepto, la organización estructural del estímulo, la reducción cuantitativa y cualitativa que opera la mente interpretante, lo que transforma el estímulo pero no rompe el vínculo con él, luego el percepto es un índice del estímulo proximal. El índice está presente, por tanto, a lo largo de toda la cadena inferente que conduce hasta el reconocimiento primero del denotatum en sí mismo y luego del denotatum en el icono.

Y finalmente la percepción forense. Si se lleva el significante icónico al extremo representado por el súper icono, es decir al límite con su denotatum , allí donde puede haber confusión entre uno y otro, cobra importancia un nivel de percepción más profundo, el nivel, podríamos decir, forense, al que debe acudirse para disipar las dudas sobre si los denotata son legítimamente lo que parecen o sólo son signos icónicos extremos. En estos niveles de percepción, habitualmente tecno mediados, mandan por lo general los índices, los significantes directamente causados por sus denotata , que constituyen por su propia naturaleza semiótica, por su vinculación directa a los objetos, material científico, pruebas de la autenticidad o in autenticidad de un objeto.

Todo ello contribuiría a la posibilidad de reducir el iconismo a la interpretación mediata, y la denotación a la interpretación inmediata, del mismo tipo de signos, los índices. A la reducción posible de un tipo de signo a otro.

Con el concepto de reducción del icono y del denotatum icónico a índice no quiere darse a entender que icono y denotatum son lo mismo que índice, sino que desprovisto el intérprete del recurso al reconocimiento de tipo icónico, lo que queda en todo caso como significante pertenece a la clase de los índices, que tendría en semiótica carácter infraestructural, semiogenético.

Diferencia cuantitativa.
Por lo general hay una diferencia cuantitativa, una economía expresiva, entre índices constituyentes del icono e índices constituyentes de su denotatum . El denotatum es usualmente una fuente mucho más extensa y, sobre todo, más profunda, aparentemente inagotable, de significantes. El icono coincide con su denotatum en un número inferior de los significantes del denotatum .

Diferencia cualitativa.
Adicionalmente hay una incuestionable diferencia cualitativa. El objeto portador de signos, sea objeto semiótico o significante, está sometido a las leyes de la física (al menos de la física clásica) y sólo puede ocupar un espacio en un tiempo determinado, sólo puede disponer de un aquí para un ahora. Lo que instituye el principio de mismidad de los objetos, y en cierto sentido, de la propiedad genuina de los significantes que porta, de los significantes contiguos a la mismidad, que constituyen, por tanto, sus índices.

El rango icónico.
Tanto icono como denotatum dependen, como se ha dicho, de un acto de reconocimiento. En el significante icónico se reconoce un denotatum , pero ese denotatum debe ser capaz de producir reconocimiento directamente, debe ser un denotatum reconocible, un objeto semiótico de rango icónico.

Es obvio que la capacidad de reconocimiento en sentido icónico es una competencia personal. Yo puedo reconocer a mi hija donde otros sólo reconocerían a una niña. Reconocemos lo que frecuentamos perceptivamente y frecuentamos lo que tiene interés personal, que es un interés más específico que el interés humano en su medio.

Pertinencia del denotatum en un proceso de semiosis de tipo icónico.
El denotatum no es conditio sine qua non del signo icónico ya que puede haber iconos de cosas inexistentes, conjuntos de cero elementos en terminología de Morris. Como escribe Umberto Eco: “El significante /unicornio/ existe, puesto que puedo escribirlo en esta página; el significado unicornio es bastante claro para quien esté familiarizado con la mitología, la heráldica, las leyendas medievales; pero el referente unicornio nunca ha existido”. (1988: 26).

Por contra algunos iconos parecen tener su única o principal razón de ser en sus denotata . La palabra silla vale para todas las sillas que en el mundo son. Pero si, por algún motivo, quiero fotografiar la silla mecedora de mi abuela, no me vale lógicamente cualquier mecedora, ni siquiera una mecedora del mismo modelo y fabricante, sólo hay una mecedora en el universo que me puede servir de modelo, esa mecedora en concreto, con sus imperfecciones y sus marcas particulares, significantes indiciales de mismidad, haciéndola única en el mundo. E l denotatum de la fotografía que quiero hacer de esta silla es la cuestión central de esta fotografía como signo.

Nos sumamos entonces a la reflexión de Santos Zunzunegui: “¿serán los signos icónicos un tipo particular de función semiótica en donde la presencia primaría sobre la significación, dando lugar a la integración del referente [ denotatum ] en el interior del signo ?” (1989: 62).

Distinción del significante icónico y de su objeto.
Es evidente que para la percepción de un significante se dispone del mismo aparato perceptivo y bagaje interpretante que para la percepción de cualquier otra cosa, incluidos los denotata de ese significante. Como dice Morris: "El propio vehículo sígnico es simplemente un objeto, y su denotación de otros objetos se basa únicamente en el hecho de que existen reglas de uso que correlacionan los dos conjuntos de objetos" (1938: 59). Por otro lado no puede obviarse que los denotata de los iconos son portadores de significantes (los que deben acompañar necesariamente a los denotata para ser reconocidos).

Los denotata de los iconos son portadores de significantes, es decir, son signo, pero, debemos añadir a continuación: los signos no son su denotatum . Los denotata son ellos mismos a través de sus signos, pero ellos mismos, no el conjunto de signos. Ellos mismos a través del conjunto de signos de los que son portadores, y, en algunos casos, únicos portadores. Pero ellos mismos, no el conjunto de signos.

Quiere decirse que por lo que se refiere al signo icónico se percibe en él al denotatum como se percibiría al denotatum en el denotatum mismo, y esto es lo que define el carácter icónico de un significante, pero además se percibe o debe percibirse su carácter de significante, su carácter de no ser el denotatum , el objeto o referente, sino otra cosa, la cosa significante.

En oposición al símbolo, mecanismo de máxima economía expresiva, el icono tiene una función caracterizadora, su economía expresiva es relativa ya que su vocación es informativa, extensiva. In extremis , sustitutoria. El signo icónico podríamos decir entonces que realiza este difícil equilibrio: se ofrece a la semiosis en los mismos términos que se ofrece el denotatum iconizado, salvo que se ofrece como signo y no como denotatum .

Expresado de otra manera: cuanto más icónico es el signo, menos evidente es su carácter de signo. Por otro lado, este sí mismo de un denotatum icónico, este carácter genuino que procede de la conexión del objeto en tanto que significante a su aquí y ahora, es la cifra de su autenticidad, y lo único que lo separa, en ultima instancia, como argumentaremos más adelante, de hipotéticos ultra signos.

 

 

 

 

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Signo.
Significante.
Intérprete.
Referente.
Denotación.
Objeto.
Mundo.
Realidad.
Icono.
Súper icono.
Ultra Signo.
Índice.
Alteridad.
Economía expresiva.
Abstracto.
El todo.
Absoluto.
Reconocimiento.
Signos extremos.


Signos extremos como objeto de investigación.

Los problemas de la denotación.

La iconicidad como progreso hacia el objeto.

Lo abstracto como problema.

El todo como problema.

Conclusiones

Súper iconos.
Ultra signos.
Lo abstracto.
El todo.

Bibliografía.

 

Rubén Díaz de Corcuera Díaz