En lugar de otra cosa. |
|||||
|---|---|---|---|---|---|
Semiótica de los signos extremos. |
| English | | Contacto | | Página principal | |
|
Lo abstracto como problema. Si la consecuencia y quizá, también, la causa del reconocimiento, es la segmentación denotativa del mundo en sentido icónico, la ausencia de reconocimiento, es decir, la ausencia de un denotatum reconocible y sus ulteriores consecuencias interpretativas, concita habitualmente, como ilustraremos a continuación, la consideración de abstracto. La cuestión es saber si lo abstracto es sólo el reverso negativo de lo icónico o se le puede hacer pertenecer a otro orden denotativo: el del índice. Lo abstracto como hipoicono. Coherente con esta idea, Justo Villafañe coloca el arte abstracto en la cota más baja de su escala de iconicidad (1985: 43). El contexto icónico de lo abstracto. En contextos de interpretación icónica, la ausencia de representación se traduce en la ausencia de un denotatum reconocible, real o posible, en el significante. Dicho de otro modo, significante sin denotación icónica en un contexto típico de denotación icónica. Percepción del significante restringida al significante, sin destino posible en un denotatum de esa clase. En ausencia de objeto de rango icónico, el significante es tomado por el intérprete como objeto él mismo, pero inédito. En contextos como el icónico donde la interpretación se ve influida por la denotación, la ausencia precisamente de denotación, sitúa en primer plano la expresión, el significante, y cursa el trabajo de constituirlo en objeto reconocible, en objeto de rango icónico. Lo abstracto que subyace a lo icónico. Lo icónico podría ser considerado, entonces, como el resultado de una proyección recognitiva sobre el mundo, en la que se obtiene, casi sin darse cuenta, éxito. Lo abstracto sería, entonces, el fallo, el fracaso cosechado en tal empeño. Aquello que se abre a la interpretación cuando no es factible o deseable una lectura icónica, una interpretación inevitablemente influida por la transición del significante hacia un objeto reconocido. Lo abstracto anidaría entonces en lo icónico o viceversa. Como demuestra ejemplarmente cualquiera de los "Retratos de V.I. Lenin al estilo de Jackson Pollock" (1980), realizados por el colectivo de artistas de Art&Language . Imposible ante estas imágenes, como ocurre con todas las figuras imposibles, percibir simultáneamente las dos opciones opuestas: la representación icónica y la ausencia de representación, característica de lo abstracto. Por otra parte, ¿cómo llamar a las diferencias plásticas entre dos realizaciones pictóricas iconográficamente idénticas, por ejemplo dos crucifixiones, entre los cientos de miles de crucifixiones canónicas que hay en la historia del arte? Diferencias en el significante que no produzcan, si ello es pensable, ninguna diferencia en el contenido, ni un sólo matiz en ese plano. La pura diferencia significante, sería, desde este punto de vista, otra prueba de lo abstracto subyaciendo a lo icónico. Enfoque de lo abstracto como signo extremo dentro del iconismo. ¿Cuáles podrían ser, entonces, las causas objetivas de la consideración de un signo o conjunto de signos como constituyentes de lo abstracto en contextos de interpretación icónica? Siguiendo el esquema triádico del signo de Pierce podríamos establecer tres grupos de causas:
Enfoque de referente y de significante. Desde un punto de vista semiótico, el cambio en el paradigma interpretante, el desplazamiento del reconocimiento de tipo icónico a una posición secundaria o irrelevante parece tener su origen en la novedad de los mismos objetos de representación (la velocidad y la máquina) así como en la de los significantes (fragmentación de la forma resultante de la simultaneidad de diferentes puntos de vista, exceso autoexpresivo del color, cinematismo, etc.). La novedad tanto de expresión como de referente pictórico, produjeron en los intérpretes de la época una imposibilidad de reconocimiento. Como señala Cor Blok: “todos los intentos de descripción [de estas obras] hacían referencia a la falta de un objeto reconocible” (1992: 10). Circunstancia que, como Gombrich se ha encargado de recordar alguna vez, no es nueva en la historia del arte (idéntico choque cognitivo provocaron Whistler, Turner y los impresionistas entre sus coetáneos). Enfoque de intérprete. Estas personas reúnen la doble condición de neonatos al sentido de la vista y adultos capaces de transmitir la experiencia adecuadamente. El médico de Virgil, uno de estos pacientes, relata los primeros instantes de visión: “en ese primer momento no tenía ni idea de lo que estaba viendo, había luz, había movimiento, había color, todo mezclado, todo sin sentido, en una mancha. En ese momento de la mancha brotó una voz, una voz que dijo: ¿Y bien? Entonces y sólo entonces, comprendió finalmente que aquel caos de luz y sombras era una cara, de hecho, la cara del cirujano” (Sacks, Oliver. 1997: 151-152) Otro paciente relata que durante las semanas siguientes a su operación, las luces de la calle vistas a través de las ventanas, “figuraban” para él manchas luminosas adheridas a los propios cristales. Un tercer paciente interpretaba las escaleras como una superficie plana, un galimatías de líneas entrecruzadas no interpretadas en términos de tridimensionalidad penetrable. Nos encontramos por tanto, ante la experiencia de significantes incomparables, ante la imposibilidad de proyectar objetos visualmente conocidos, conocimiento visual, sobre el continuo visual. Dicho de otro modo: significantes sin significado, percepción sin semántica. Pero, por otra parte, este continuum sin duda existe, es un impacto apreciable sobre un órgano sensorial, una masa potencialmente significante que precede a la semiosis. Ese algo del que escribe Umberto Eco: "No es el acto primario de la atención el que define el algo, es el algo el que despierta la atención, es más, la misma atención al acecho forma ya parte (es testimonio) de este algo (1997: 23)". Enfoque de lo abstracto como arte de huella. Fácilmente podemos documentar cierto arte abstracto (el informalismo, el A ction Painting , la pintura matérica) como arte de huella, significante con referencia a su acto y/o su agente productor, a una materia y unas fuerzas denotadas por este medio. El land art (“Muelle en espiral”, Smithson, 1970; “Seis círculos de piedras”, Richard Long, 1981) puede entenderse también en este mismo sentido, huella del hombre sobre la naturaleza. Igualmente el body art (“ Shoot ”, Chris Burden, 1971; “ Position for Second Degree Burn ”, Dennis Oppenheim, 1970), huella de ciertos agentes sobre el cuerpo humano. En relación al Action Painting escribe G. Solana: “A veces el expresionismo abstracto sustituye la referencia icónica o simbólica al cuerpo (a un cuerpo representado) por la referencia indéxica al cuerpo del artista. El gesto pictórico es otro modo de introducir el cuerpo en la pintura: a través de sus huellas, de su impronta física (2005 :22). Santos Zunzunegui señala, además, que “toda imagen es una huella de su acto productor” (1989: 102). Lo que equivale a decir que toda obra de arte es abstracta a ese nivel, en el que operan, por ejemplo, restauradores y especialistas en autentificación de obras de arte. Enfoque de lo abstracto como arte de síntoma. La masa significante o cualquiera de sus fragmentos puede adscribirse en última instancia a la clase indicial de síntoma, significante de un denotatum contiguo: oscuro, dinámico, actual. El continuum , puro carácter significante, tendría la forma semiótica de un indicio inmediato y dinámico contiguo a un objeto inalcanzable. Enfoque de lo abstracto como arte de señal. Redefinición de lo abstracto. Lo abstracto sería mundo de rango indicial, lo que todavía no es mundo de rango icónico, pero no puede ser de ninguna manera realidad. Totalidad o fragmentos del continuum, abiertos a una posibilidad denotativa de tipo indicial y a otra, posterior, de tipo icónico. Totalidad de las huellas relacionables a todo tipo de objetos impresores. Totalidad de los índices dinámicos, síntomas o fenómenos (en sentido kantiano), significantes de un oscuro denotatum, contiguo aunque inasequible, manifestándose a través de estos qualia, pero careciendo en sí mismo de manifestación. Y totalidad, por último, de las señales, significantes con expectativa de objeto. La tercera dimensión y lo abstracto. Igual da, entonces, caracterizar a la escultura abstracta como lo abstracto de bulto redondo o como la representación icónica tridimensional de objetos abstractos. Abstracción y movimiento. La primera escultura abstracta en incorporar movimiento se atribuye a Naum Gabo (“Escultura cinética”, 1920). Sobre la arquitectura parece no haber dejado de pesar nunca la prescripción vitrubiana de firmeza. No recuerdo un solo caso de obra arquitectónica semoviente... más allá de esas inciertas casas capaces de girar sobre un cierto eje, de los barcos, las autocaravanas y las estaciones orbitales. Abstracción interactiva. Ciertas manifestaciones de arte abstracto que se han significado como abstracción interactiva (el op art , por ejemplo) no promueven realmente la participación del público en el proceso de creación de la obra abstracta. Al menos, no al nivel de coautoría. La participación queda restringida a la natural modificación del punto de vista en el tránsito hacia la obra y por la obra, movimiento que produce una vibración óptica de la imagen (su moaré característico) que es lo que, en definitiva, la constituye. Interacción con los signos abstractos a un nivel más profundo empieza a aparecer realmente en obras dotadas de sistemas mecánicos (Roy Ascott, " Change Painting ", 1960), eléctricos, electrónicos y/o informáticos de accionamiento. Casi siempre dentro de los límites fijados por el artista, raramente por el usuario. El desplazamiento por un entorno virtual sin referente, generado por computadora, poblado de objetos o seres irreconocibles, que se animan al paso del usuario, representaría un tipo nuevo de abstracción interactiva, en el sentido de libertad de recorrido por un mundo inédito, extraño, impredecible, continuamente cambiante. La obra de Agueda Simó me parece ilustrativa a este respecto (“ Microworlds, Sirens and Argonauts ”, 1999). Fotografía abstracta. Abstracción en canales no visuales. Abstracción y diseño. La expansión de lo abstracto. Las visitas de Monsieur Hulot a la vanguardista casa de su hermana, en el filme “Mi tío” (Jacques Tatí, 1958), representan espléndidamente las servidumbres de esta creciente cohabitación de la humanidad con la actualidad de lo irreconocible, o sea, con lo abstracto. En EEUU primero y ahora en China, el vertiginoso reemplazo de la ciudad, continente principal de la civilización, y sus contenidos, incluyendo a los mismos ciudadanos, su permanente construcción de novo, me parece la cuestión de lo abstracto pero a gran escala. Tales áreas urbanas son capaces de proporcionar experiencias continuamente renovadas de sus objetos, experiencias estéticas en el sentido apuntado por el teórico formalista ruso Víktor Shklovski: “El propósito del arte es el de transmitir la impresión de las cosas como visión y no como reconocimiento” (1917: 16). Podemos decir que la profecía del constructivismo ruso y de la Bauhaus, realizada sobre la base de dicho concepto, es un trabajo de grandes dimensiones actualmente en proceso.
|
Gato sobre gato. Relacionando extremos opuestos: el arte abstracto y la réplica humana en el cine de ciencia ficción. Variaciones Solaris (2009).
Trastorno bipolar (Blog personal en KREA).
|
Signo. Signos extremos como objeto de investigación. Los problemas de la denotación. La iconicidad como progreso hacia el objeto. Lo abstracto como problema. El todo como problema. Conclusiones Súper iconos. Ultra signos. Lo abstracto. El todo. |
|||
|
| Rubén Díaz de Corcuera Díaz | ||