El estado del arte.
Semiología de la imagen artística. Signos extremos.
English | Contacto | Página principal |  

Signos de seres únicos, seres de signos únicos: "Irene en el columpio", Ozaeta (2006).

Este fragmento de vídeo representa como puede verse a una niña pequeña meciéndose en un columpio. Es mi hija, Irene. La escena fue grabada hace un par de años en el jardín de la casa de unos parientes en Ozaeta, un pueblo de Álava, una brumosa tarde de primavera.

Incluyo aquí esta imagen por una razón a la vez personal y científica, pues he llegado a la conclusión de que tiene para mí una iconicidad extrema, y no tanto por la calidad icónica del significante, que no es mala, como por la calidad icónica de lo denotado, mi hija, que constituye para mí, excuso decirlo, el referente más importante, y, en consecuencia, más concreto del universo. Me gustaría subrayar estos tres matices, el más importante, el más concreto y para mí.

El referente destacado del vídeo es la denotación posible de innumerables designata: ser vivo, ser racional, ser humano, niña con vestido verde, niña rubia. Cada uno de estos designatum tiene a su vez denotaciones amplísimas (¿cuantas niñas, cuántas rubias, cuántas con vestido verde habrá en el mundo?).

Pero los designatum del tipo de signo al que quiero ceñirme se refieren a un solo elemento, incluyen una denotación única. Toda regresión ad denotatum conducirá en todos sus casos al mismo lugar de origen: mi hija y nadie más que ella.

Este pequeño icono-índice, imagen tiempo, fragmento cinematográfico, rápida sucesión fotográfica, o como se le quiera llamar, que he colgado de la página, pertenece, para mí, a esta clase de signos: signo de un ser único, que es a su vez un ser de signos únicos.

Y lo que hace definitivamente únicos a los signos aparentes de esta niña, a sus signos aparentes de sí, y a través de ellos, a ella misma, es, precisamente, que tienen para mí un interés sagrado. Nadie hay en ninguna parte, como se comprenderá fácilmente, que me competa más identificar bajo cualquier circunstancia. Nadie hay en el universo entero sobre quien pueda ejercer a tan elevado nivel mi plena competencia recognitiva, mi humana capacidad de reconocimiento, aquilatada durante cuarenta y cuatro años de comercio perceptual con el mundo.

De lo que se deriva (y no al contrario) que no haya nadie más concreto para mí en este mundo, que no haya nadie más susceptible de iconicidad que ella.

Y bien pensado esta puede ser una de las condiciones más objetivas de la denotación en el ámbito icónico. El interés personal del intérprete.

Rubén Díaz de Corcuera.
Super iconos.
Noviembre 23, 2008


Esquema de cámara oscura clásica.

Inversa camera obscura: "El proyector de sólidos (o el sueño de una roca)", João Maria Gusmão y Pedro Paiva (2008).

La cámara oscura clásica, la que fascinó a Aristóteles y a Leonardo, operaba como un receptáculo, una especie de trampa óptica que permitía la entrada de una cierta imago mundi al interior de una estancia o de una caja. Esto suponía de hecho la adición al mecanismo de la percepción de un interesante intermedio entre el ojo y el resto de la realidad: una imagen icónica pero a la vez dinámica, indicialmente conectada a su referente, uno de los primeros iconos, por decirlo de algún modo, de circuito cerrado (tras la sombra y la imagen especular).

La cámara oscura construida por João Maria Gusmão y Pedro Paiva opera de modo exactamente inverso. Está hecha para proyectar el interior de la cámara al mundo. Está hecha para producir el icono, no de lo de afuera dentro, sino de lo de adentro fuera.

En la cámara oscura clásica, la luz transportadora de la imagen procedía del exterior. En la cámara de Gusmão y Paiva, la luz que ilumina el interior de la caja también está inicialmente contenida por ella, ya que debe transportar la imagen de ciertos objetos cuyo encierro comparte, a una pared próxima sumida en la oscuridad, sobre la que se proyecta y a la que, por tanto, ilumina.

En la primera se trataba de dar prisión a la luz. En esta otra, por el contrario, lo que por un lado se encierra o enclaustra, por el otro se libera. Y el agente liberador es, precisamente, la luz.

En aquella el tránsito de la luz hacia el interior de la caja por un pequeño orificio, producía una imagen invertida del mundo. En esta se invierte el contenido de la caja, se pone la escena patas arriba en su interior, para que el icono resultante se pueda leer del derecho y bien. La naturalidad de la imagen proyectada, deudora de su coherencia casi total con la ley de la gravedad, se consigue, por tanto, mediante el trabajoso artificio de construir la escena interior, literalmente, contra esa misma ley.

A uno se le ocurre una pregunta: ¿es el proyector una cámara oscura invertida, o, más bien, es la cámara oscura un proyector al revés? La genialidad de los Lumiére fue pensar como proyector la cámara de cine, que otros inventaron antes. De algún modo, Gusmão y Paiva recrean con esta pieza ese momento epifánico de la historia de la representación.

Rubén Díaz de Corcuera.
Super iconos.
Noviembre 22, 2008

 

Fotograma de la película A propósito de Henry, el personaje que representa Harrison Ford hablando con su hija.

Identidad vs. mismidad: “A propósito de Henry ”, Mike Nichols (1991).

El filósofo francés Paul Ricoeur ha recuperado felizmente la distinción existente en lengua latina entre identidad idem (mismidad) e identidad ipse (identidad). La identidad idem es lo idéntico en el sentido de lo extremadamente semejante (Individuo e identidad personal, pág. 83). Identidad ipse, es lo idéntico a sí, en el sentido de lo no-extraño.

La mismidad o identidad idem, es el soporte de la identidad ipse, el marco de su posibilidad. El yo puede ser transformado por la experiencia, pero no en tanto que yo mismo. La mismidad no puede ser transformada, no da para ello. Los signos de identidad dicen quién soy yo. Los signos de mismidad dicen que soy yo.

En el filme "A propósito de Henry" (Regarding Henry. EEUU, 1991. Dir.: Mike Nichols), el protagonista, interpretado por Harrison Ford, es un abogado de éxito que recibe un disparo mientras se comete un atraco en el estanco al que ha acudido por casualidad en busca de cigarrillos. A consecuencia del accidente su cerebro queda por un instante sin riego, lo que tiene un efecto similar al del formateado del disco duro en un ordenador. Se borra la información. Desaparece Henry tal y como se nos había dado a conocer al comienzo de la película: un abogado implacable, un marido y padre de familia frío y distante. Todo el contenido de Henry, incluida su identidad, se esfuma. Un nuevo Henry debe reemplazarle. Asistimos a partir de ese instante al nacimiento y rápido desarrollo de otra persona dentro de un cerebro ya estructurado pero vacío de contenido.

Un caso completamente atípico de reencarnación en uno mismo. En el concepto clásico de metempsicosis el alma abandona el cuerpo a la muerte, ocupando el de otro ser (animal o persona) nacido en ese mismo instante. El cuerpo del que toma posesión el alma de Henry, es el propio cuerpo resucitado (renacido) de Henry. La mismidad de Henry no ha sufrido un corte a ese nivel. Pero Henry no lo recuerda. Es consciente de su mismidad, pero para él es relativamente reciente, sólo puede retrotraerla al momento en que despierta a la consciencia siendo otro para los otros en sí mismo. Una situación desconcertante porque él mismo no puede sentirse otro. Es el único que carece de elementos de comparación. El recuerdo de su antigua mismidad continente ha desaparecido con el resto de sus recuerdos, su antigua identidad contenida. El recuerdo, no la mismidad.

Rubén Díaz de Corcuera.
Super iconos.
Diciembre 1, 2007

Corondel

Signos de seres únicos, seres de signos únicos.
Inversa camera obscura.
Sopa de cuerpo, sero de muerte.
La interrogante metafísica
El dios replicador.
Identidad vs. mismidad.


Variaciones Solaris (2008).
Auto Pigmalion (2008).


La Suite Kali 2002.


Patrocina KREA Expresión Contemporánea.

Glosario.


Super iconos.
Ultra signos.
Lo abstracto.
El todo.
 
Rubén Díaz de Corcuera Díaz